
El portero ha explicado por qué sigue tan unido a sus amigos de la infancia y cómo le ayuda esa relación a mantener los pies en la tierra
En el grupo de WhatsApp de la cuadrilla de Unai Simón hay 25 personas. Casi todos nacieron en 1997 y se conocen de Murguía, el pueblo alavés donde creció el portero de la selección española. Aunque allí es, según ha contado en una entrevista, uno más y sus amigos nunca han intentado sacar partido de ello. Todos han seguido estudiando, trabajando y haciendo sus vidas sin pedirle favores o que les ayude a pagar un coche.
Simón ha hablado de los amigos que conserva desde la infancia al ser preguntado sobre si, después de tantos años en el fútbol profesional, era consciente de la realidad que viven otras personas de su generación. Mientras su carrera lo llevaba a jugar (y ganar) un Mundial, ellos tomaban otros caminos, y seguir cerca le ha permitido conocer cómo son sus días fuera del fútbol. También mencionó a su novia, que es médica, y las guardias que hace. Dice que ver de cerca su trabajo le ayuda a valorar lo que tiene.
Una vida que no gira siempre alrededor del fútbol
Simón valora mucho poder salir del campo y dejar de ser, por unas horas, el portero al que todo el mundo le pregunta por el siguiente partido. Durante el Mundial agradecía especialmente las cenas con familiares y amigos después de jugar. Se reunían en algún restaurante y hablaban de la ciudad en la que estaban o de lo que habían hecho aquel día. "Lo último que quería con mi gente era hablar de fútbol", explicó.
No era una forma de quitar importancia a lo que estaba viviendo. Entre partido y partido apenas había tiempo para descansar antes de estudiar al siguiente rival, y él sentía que necesitaba salir de ese ambiente. Por eso recuerda como algo fundamental tener cerca a su gente durante la competición. La cuadrilla de Murguía forma parte de ese entorno seguro al que puede volver cuando termina todo lo demás.
Esa relación también influye, según cuenta, en cómo maneja el dinero. Simón sabe que su sueldo como futbolista le permite vivir de una manera muy distinta a la de muchos amigos de su edad. Dice que procura no derrochar ni gastar en cosas que no necesita. Como ejemplo, habló del Range Rover que conduce desde hace ocho años: mientras arranque y le lleve a entrenar a Lezama, no ve motivo para cambiarlo.
Sin embargo, lo que más le incomoda de ser conocido no tiene que ver con lo que puede comprar, sino con el trato especial que algunas personas le dan solo por ser futbolista o un personaje público. Como ejemplo, recuerda una anécdota en la que un camarero le dijo a su novia que estaban cerrando pero, cuando vio aparecer a Simón, les ofreció dos cafés. La pareja decidió marcharse a otro sitio. Al portero le molestó que la respuesta cambiara únicamente por tratarse de él: "Que me quieran dar a mí un trato especial y a mi novia otro diferente me toca bastante las narices".
Al final de la entrevista, también le preguntaron qué escribiría en una tarjeta de visita. Eligió su nombre, su edad, dónde nació y la palabra "deportista". Dejó fuera "futbolista" aunque sabe que esa profesión ocupa una parte enorme de su identidad. No obstante, quiere que, al entrar en un bar o volver a quedar con los amigos del pueblo, no sea lo único que los demás vean en él.
Fotos | unaisimon.23
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