
"Yo fui muy feliz de pequeño, no quería hacerme mayor", afirmó el ex-tenista
Antes de convertirse en uno de los mejores tenistas de la historia, Rafa Nadal fue un niño de Manacor que disfrutaba jugando con sus amigos, pasando horas en la playa y creciendo cerca de su familia. El mallorquín recuerda con nostalgia aquellos veranos en los que el tenis ocupaba parte del día, pero las tardes pertenecían a la calle y a los amigos, sin teléfonos móviles ni la necesidad de estar pendiente de una pantalla.
En una de sus reflexiones sobre aquellos años, Nadal recordó la rutina que seguía durante las vacaciones: "En verano te levantabas, ibas a entrenar tenis, volvías al mediodía y por la tarde quedabas con los amigos, sin móviles. Nos quedábamos en la calle, en la playa, y pasábamos hasta las 9 de la noche", afirmó en su momento para La Resistencia.
La infancia de Nadal transcurrió en Manacor, al este de Mallorca, rodeado de padres, abuelos, tíos y amigos. En una entrevista para El País, el tenista recordó con cariño aquellos años y explicó que pasaba mucho tiempo con su pandilla jugando al escondite, al fútbol y a cualquier cosa que surgiera. Su entorno era cercano y familiar, una circunstancia que le permitió crecer con una vida bastante normal incluso cuando el tenis comenzó a ocupar cada vez más espacio en su agenda.
De hecho, la raqueta no fue siempre su principal fuente de diversión: en una conversación con Bertín Osborne para el programa Mi casa es la tuya, Nadal reconoció que de pequeño se lo pasaba mejor jugando al fútbol porque estaba acompañado de más niños, mientras que el tenis era una actividad más solitaria.
Porto Cristo, el lugar al que siempre vuelve Rafa Nadal
Si Manacor representa sus raíces, Porto Cristo está ligado a los veranos junto al mar y a los momentos de desconexión. La localidad costera forma parte de su historia personal desde pequeño y ha sido uno de los escenarios donde ha podido mantener el contacto con sus amigos y familiares lejos de la presión de los grandes torneos.
En 2008, después de conquistar Wimbledon, Nadal volvió a las playas mallorquinas para descansar, bañarse, salir en barca y compartir juegos en la arena con sus amigos, una conexión que no desapareció cuando alcanzó la cima del tenis. En una entrevista con AS, el exdeportista explicó que vivir en Mallorca, cerca de sus amigos de toda la vida y de su familia, fue fundamental para conservar el equilibrio entre su faceta pública y su vida personal.
Ya retirado, Nadal disfruta de Porto Cristo con su mujer, Xisca Perelló, y su hijo, u lugar que él mismo ha explicado varias veces que le mantiene con los pies en el suelo.
Fotos de @rafaelnadal | Lamia LAGAB | Katrin Polyansky
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