
Después de años acostumbrado a ser imprescindible, el jugador podría enfrentarse a uno de los mayores desafíos de su carrera
Cristiano Ronaldo podría estar acercándose al final de su carrera profesional. El futbolista, que acaba de cumplir 41 años, abandonó ayer la concentración de la selección portuguesa en Copenhague después de quedarse sin jugar frente a Noruega. Una situación que pone sobre la mesa la inevitable pérdida progresiva de protagonismo de un jugador de tal calibre. La psicóloga Lara Ferreiro, pone el foco precisamente en el impacto psicológico que podría tener en él este cambio. Después de veinte años construyendo su trayectoria alrededor de la exigencia, la disciplina y la búsqueda de resultados, podría enfrentarse a un "cambio de identidad dentro del grupo", según la experta.
Para Cristiano Ronaldo, la disciplina y el trabajo han sido claves: entrenar más, cuidar su físico y perfeccionar su rendimiento eran herramientas que le permitían aspirar a jugar y ganar. Aunque al ir cumpliendo años, su rendimiento ya no depende únicamente de él y es algo que el entrenador tiene en cuenta. Como explica la psicóloga, la imagen que el futbolista tiene de sí mismo sigue vinculada a ser una figura imprescindible, pero su papel dentro del equipo empieza a cambiar. "El individuo conserva internamente una representación de sí mismo asociada al protagonismo, mientras el entorno empieza a asignarle una función diferente", apunta.
Por primera vez, el esfuerzo quizá no sea suficiente para recuperar el lugar que ha ocupado durante tantos años el jugador. Eso sí, su talento sigue siendo evidente y todavía no ha hablado de dejar atrás el fútbol profesional, aunque tendrá que aceptar que su mejor momento en esta profesión ya pasó. Ferreiro relaciona este proceso con el llamado "síndrome del jubilado VIP", que puede afectar a personas que abandonan profesiones muy exigentes cuando todavía son relativamente jóvenes.
La psicóloga habla de 4 etapas en este tipo de profesiones. La primera es la fase de luna de miel, un periodo inicial en el que se disfruta de la libertad recién adquirida y aprovecha para dedicar tiempo a actividades que antes quedaban relegadas. Después llegaría una etapa más depresiva, marcada por la nostalgia de la rutina anterior y por la ausencia de la intensidad, la motivación y la adrenalina que proporcionaba el trabajo. La tercera fase es la de reorientación. En ella, la persona empieza a reorganizar sus días y a construir nuevos hábitos que sustituyan a los de su vida profesional. Finalmente, llega la adaptación: el momento en el que consigue integrar esa nueva realidad y descubrir las oportunidades que ofrece una vida alejada de las obligaciones anteriores.
Sin duda, es todo un proceso en el que el entorno es clave. En el caso de Cristiano Ronaldo, Georgina Rodríguez y sus hijos suponen un punto fuerte de apoyo. Y es que contar con vínculos afectivos que no estén relacionados con el universo del fútbol en estos casos es esencial para ayudar a los jugadores a construir una identidad de sí mismos alejados de su profesión.
Fotos | Gtres
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