El entorno donde uno crece es algo que siempre se recuerda. Lamine Yamal, es un claro ejemplo de la importancia del barrio, incluso cuando ya no se pertenece a él. Y es que él es del '304', el código postal de Rocafonda, el barrio de Mataró en el que pasó su infancia. A este lugar él sigue haciendo referencia en entrevistas y demás conversaciones, porque, pese a ser una de las grandes figuras del fútbol, no nunca olvida sus orígenes.
El futbolista, hijo de padre marroquí y madre ecuatoguineana, siempre que ha tenido ocasión ha aprovechado para reivindicar sus orígenes. Él tiene muy presente que, antes de vestir esa icónica camiseta del Futbol Club Barcelona y alcanzar el reconocimiento internacional formando parte de la Selección Española y ganando el mundial, su universo estaba en las calles de Rocafonda.
De aquella etapa conserva grandes recuerdos. Entre ellos, destaca la figura de Maria Majó i Clavell, maestra y residente del barrio de la infancia de Lamine Yamal, que ha hablado sobre los primeros años del futbolista en una entrevista con El Diario de la Educación en 2024. Ahí explicaba cómo Lamine despuntaba en el fútbol siendo apenas un niño. Su madre se mudó con él a La Torreta y allí comenzó a practicar este deporte con tan solo tres, cuatro y cinco años.
El talento era ya evidente en aquellos tiempos y pronto formó parte de su primer equipo profesional, el Espanyol. Luego el Barça se interesó por él y la vida ya dio un giro de 180 grados. Ahí le ofrecían la oportunidad de formarse como jugador sin descuidar sus estudios. Eso sí, se tuvo que mudar a la Masía, aunque Rocafonda seguía siendo ese lugar que le hacía sentir en casa.
Majó recordaba en la entrevista una escena típica de los viernes: uno de los hijos del tío Abdul iba a recogerlo para llevarlo a casa de su abuela. Allí, lejos de los entrenamientos y de las exigencias de la cantera, Lamine podía volver a ser uno más entre los niños del barrio y pasar la tarde jugando al fútbol. "Su sitio afectuoso, su lugar de amigos, estaba en Rocafonda. Cuando jugaba a fútbol en la pista, todos le iban detrás para aprender a hacerlo como lo hacía él", explicaba Majó.
Allí Lamine encontraba un espacio de paz para jugar sin la presión propia de los entrenamientos del club y la exposición pública de los partidos de mayor escala. Esos recuerdos jugando en aquellas calles los atesora, al igual que hace con sus raíces. Majo insiste: "Es muy bueno que se muestre orgulloso del barrio. En Rocafonda, se ha sentido querido y él quiere a Rocafonda". Y es claro está que ese '304' es mucho más que un código postal para el futbolista. Es en parte la razón por la que hoy se dedica a esta profesión.
Fotos | @lamineyamal,
En Trendencias | Álvaro Puche, entrenador: "Ni nadar, ni caminar. A partir de los 50 años es estrictamente necesario hacer pesas"
Ver 0 comentarios